Donald Trump alimenta el miedo y esconde su inseguridad

Nota del editor: Michael D’Antonio es autor del libro “Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success” y coautor con Peter Eisner de “The Shadow President: The Truth About Mike Pence.” Las opiniones expresadas en este comentario son propias del autor.

(CNN) — En el enésimo escándalo de su reinado, el presidente tuiteó que cuatro legisladoras, tres nacidas y criadas en EE.UU. y una que se convirtió en ciudadana estadounidense a los 17 años, deberían “regresarse y ayudar a arreglar los lugares totalmente quebrados e infestados por el delito”. El racismo en este ataque es espantoso, pero no es la única forma de desviación exhibida.

Esta sería la sugerencia, amplificada luego por él mismo, de que Donald Trump se ha autoerigido en juez que decide quién pertenece a Estados Unidos y quién no.

Esto debería despertar miedo en cada corazón porque significa que la persona más poderosa del país —con un enorme número de simpatizantes listos para seguirlo adónde sea— ha comenzado a clasificarnos y a separarnos entre nosotros. Ahora considera que cuatro funcionarias públicas electas son inaceptables, pero ¿quién sabe qué pensará de cualquiera de nosotros mañana, si nos atreviésemos a estar en desacuerdo con él o a desafiarlo?

Este es un tema serio, con implicancias aterrorizantes, que los votantes deben examinar antes de emitir su voto en las elecciones de 2020.

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Pensemos que, como seres sociales que dependemos de nuestras familias, de nuestras comunidades, y sí, de nuestro país, para definir nuestra identidad y bienestar, pocas cosas son más temibles que la posibilidad de ser rechazado y expulsado. El rechazo es tan doloroso que la mayoría de nosotros haremos lo imposible por evitarlo. Los grupos religiosos que usan la amenaza de la excomunión para mantener a las personas a raya —”en la comunidad”—comprenden esta poderosa dinámica, al igual que los matones que muestran abiertamente cómo victimizan a un niño para dominar a todos en el patio.

Cuando usan a una víctima como ejemplo —un niño cuyo dolor es muy visible para los demás niños— los matones de la escuela pueden dominar a todos los demás en el patio escolar. Si no lo observó de joven, puede consultar los muchos estudios que confirman ese proceso. Más adelante en la vida, los bravucones pueden usar esta táctica como jefes en su lugar de trabajo o como entrenadores deportivos (piense en Bobby Knight) o en política. Estos matones infunden en los demás el miedo a ser despedidos, retirados del equipo, o derrotados en una elección. De este modo, consiguen el control.

Nadie es más consciente de los efectos del miedo que este presidente. Cuando Bob Woodward le pidió a Trump que reflexionara sobre la naturaleza del poder, él dijo: “el poder real es, ni siquiera quiero usar la palabra, el miedo”. Sin duda, en vista de su confesión, y todo lo demás que aprendió sobre la Casa Blanca de Trump, Woodward tituló su libro sobre la presidencia “Fear” (“Miedo”).